
Y a María le dio el tiempo de dar a luz. José golpeó las puertas de los posaderos, pero no había espacio esa noche -o no quisieron darlo- le cerraron las puertas a la Sagrada Familia.
Dios es sabio y quiso que su hijo naciera en la humildad, no en la grandeza. Una pesebrera fue la solución para María y José y ahí nació el niño.
Una luz intensa brilló en los cielos de Belén, los pastores acudieron a saludar al Mesías. ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que aman a Dios! cantaron los ángeles en la noche bendita.
Seamos como esos pastores que acudieron al encuentro de su Dios, no como los posaderos de Belén que le cerraron las puertas. Cristo quiere nacer en tu pesebrera que es nada menos que tu corazón, quiere borrar las impurezas de él y darte una luz tan resplandeciente como de la Belén. ¿Puedes sentirla?




